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La Comarca de Olivenza y su entorno ha sido una zona que a lo largo de la historia ha contado con asentamientos de todo tipo que han ido salpicando todo el territorio de vestigios de las distintas épocas dejando un patrimonio arquitectónico bien conservado y de lo mas variado a pesar de su posicion fronteriza, siendo especialmente notable  sus edificaciones militares y religiosas.

 

Edificaciones militares

Edificaciones religiosas

Edificaciones singulares

Arquitectura popular

Fuentes y puentes

 

 

 

Edificaciones militares

 

Castillo, muralla medieval y su cava:
 

El primer rey portugués de Olivenza, D. Dinis, mandó en 1306 construir la primera muralla. La piedra fundacional, que recuerda este hecho, se encuentra expuesta en la sala de arqueología del Museo. En el reinado de D. Afonso IV se construyó el Alcázar del castillo. D. João II mandó hacer su cava que puede verse hoy recuperada en el lado norte. En todo el conjunto destaca la Torre del Homenaje, la más alta de las fortalezas de la frontera hispano-portuguesa. Tiene en su interior tres salas, de entre las que destaca la central, con una hermosa bóveda de nervadura. Mide en la actualidad 35 metros de altura y tiene 17 rampas de acceso a su terraza, desde la que se domina la ciudad de Olivenza y las tierras y poblaciones españolas y portuguesas de su entorno.
 

 

 

Muralla abaluartada:
Cuarto cinturón de Olivenza, del segundo y tercero no se conserva casi nada, construida en el siglo XVII para las guerras de Restauración. Aún se conservan la mayor parte de sus nueve baluartes originales. Alguno de ellos ha sido reutilizado para construir una plaza de toro, en el siglo XIX, y un auditoria actualmente. Poseía tres puertas, de las que sólo se conserva la más monumental.
 

 

Puertas:
De entre todas las de Olivenza, destaca la puerta manuelina del Ayuntamiento; verdadero símbolo identificativo de la ciudad. El intradós de su arco presenta elemento vegetal sobre el que se reproducen motivos zoomórficos y antropomórficos. El arco superior es polilobulado, característica del manuelino. Se remata con la habitual Cruz de Cristo. En el motivo central se reproducen las armas de La ciudadela medieval aún conserva tres de sus cuatro puertas. La mejor conservada es la llamada de Alconchel, de torres semicirculares. Es de las mismas características la de los Ángeles. La de la Gracia sólo conserva el arco, habiendo perdido sus torres de base cuadrada. Sin embargo, la puerta más espectacular es la de la muralla abaluartada. Se la denomina Puerta del Calvario y se orienta hacia Portugal, como puerta principal que fue en la época portuguesa. Sorprende su fábrica de sillares de mármol almohadillado y la aberturas del mecanismo del puente levadizo.

 

 

Edificaciones religiosas

 

Santa Casa de Misericordia.

 

Como ocurre con la mayoría de los retablos portugueses y, por tanto, con los de Olivenza, los datos existentes sobre el posible maestro entallador de este retablo son escasos. A pesar de haber realizado las oportunas investigaciones en el Archivo de la Santa Casa de Misericordia de Olivenza, no se ha logrado encontrar el contrato para la realización de dicho retablo.

En esta pequeña capilla se aprecian tres retablos, dos laterales y uno central, siendo en este último en el que convergen las miradas de los asiduos visitantes de esta capilla.

Las primeras noticias que se tienen sobre los retablos de esta iglesia datan de un inventario del año 1581, donde se alude a la existencia de “un retablo pequeño con la imagen de Nuestra Señora de Loreto con el Niño Jesús”. Ya en el año 1689 se hace el trono del retablo mayor por un entallador de Villaviciosa de nombre desconocido. Las investigaciones llevadas a cabo en el Archivo Distrital de Evora, nos permiten descubrir como maestros entalladores que trabajan a finales del siglo XVII en Villaviciosa, a Antonio Ribeiro y Francisco Machado, pudendo ser uno de éstos el posible autor del trono de esta iglesia.


Pero este retablo debió desaparecer en el año 1722, cuando se realiza el nuevo retablo mayor. Este comenzaría el 31 de Mayor de 1722, y se tienen noticias de que continuarían sus obras en Julio de 1723. Como se verá, la decoración interior de la capilla, con retablos y azulejos, se abordó al mismo tiempo. Por otro lado. La fecha dada para el retablo mayor coincide con la de realización dde los retablos mayores de Santa María Magdalena y santa María del Castillo, manteniendo, el retablo que se estudia, grandes semejanzas con el de Santa María Magdalena.

Se desconoce quien ha sido el autor del retablo mayor de esta capilla.

El esquema compositivo del retablo mayor de la Santa Casa de Misericordia es semejante al de las dos parroquias oliventinas, buscando esa profundidad característica de los retablos oliventinos. Sobre el sotabanco, decorado con niños telamones, se dispone el banco conménsulas, en cuyo interior se colocan figuaras humanas. Del banco sale el Sagrario de forma trapezoidal, siendo encuadradas cada una de sus caras por estípites. En la central está la figura de Jesucristo con la bandera del Resucitado, semejante a la forma existente en el sagrario de la Magdalena. Coronando el sagrario se encuentra el pelícano sagrado con sus crías, quienes le arrancan trozaos de carne de su propio cuerpo con objeto de alimentarse. Este es el símbolo de las Misericordias portuguesas. Del banco surgen un par de columnas salomónicas que alternan con pilares, cuya finalidad es incrementar la sensación de profundidad. Tanto las columnas, todas ellas de seis espiras, como los pilares, se decoran con hojas de vid, racimos de uvas y pájaros, mientras que en los pilares, a la decoración anterior, se le suman “puttis”.

El entablamento se compone de arquitrabe a dos bandas, friso decorado con cabezas de angelitos y cornisa muy saliente. De los extremos del entablamento salen un par de frontones curvos y partidos, en los que se distinguen atlantes sedentes. El resto del “ático” lo forma un arco de medio punto de forma abocinada, que se rellena con conchas, algas, guirnaldas y en la clave del arco hay una tarja con el típico copón que alude al carácter Eucarístico del retablo.

Retablos colaterales.

Los dos retablos restantes están dedicados a la venida del Espíritu Santo y a la Misericordia. Son retablos gemelos.

Ambos poseen sotabanco decorado con el busto de niños telamones parecidos a los del retablo de las Animas de Santa María del Castillo. Al igual que en el retablo mayor, de las ménsulas salen columnas que alternan con pilares.

Azulejería.

Las paredes de la capilla están totalmente cubiertas por paneles de azulejos. Se trata de enormes cuadros historiados de fuerte y bella coloración azul de dos tonos. La mayor parte de etos azulejos, en concreto los correspondientes a la nave, son de Manuel dos Santos, mientras que los de la capilla mayor son anónimos y no están fechados.

 

 

Convento de San Francisco.

 

 

La construcción conserva bastante bien su estructura primitiva. En él se distinguen, a primera vista, el claustro formado por una doble arquería de arcos de medio punto en el piso inferior, con arcos enmarcados por gruesos pilares y arcos rebajados en el piso superior. Ambas arquerías se separan por una pequeña cornisa que obliga a retranquear la arquería superior. La mayoría de estos arcos han sido tapiados, a excepción de los que se utilizan, hoy día, como vivienda. La entrada al convento se efectuaba por dos puertas , una que la comunica con la plaza del Callao y otra que mira hacia el camino de san Lorenza, ambas formadas por un gran arco rebajado. En el piso inferior estaca la capilla donde los frailes debieron oficiar sus celebraciones hasta que se construyó la iglesia que actualmente se conserva. Aquella, de planta rectangular y de una sola nave, no es muy amplia, presenta bóveda de cañón y en su centro se distingue un motivo pinjante. La luz penetra por una serie de amplios vanos que hay a ambos lados. La capilla se encuentra bastante deteriorada al haberse utilizado como fábrica para hacer jabón. En el piso superior se distribuyen las que debieron ser las celdas de los frailes, aprovechándose, actualmente, alguna de ellas como viviendas.


La iglesia presenta planta rectangular con coro a los pies. La nave se cubre con bóveda de cañón que descansa sobre una cornisa saliente que coincide con la del presbiterio. Este se separa del resto de la nave por un arco de medio punto.

El altar mayor posee sotabanco, donde se sitúa el ara y banco en el que se coloca el sagrario. Ambos se realizan en ladrillo y cal que posteriormente se pintan con colores que asemejan al mármol. Lo único que realmente existe de mármol es el sagrario, de forma tronco cónica en cuyos extremos se aprecian cabezas de ángeles. Por encima se sitúa el Cordero Pascual. Todo el sagrario se encuadra dentro de una gran concha de la que caen pliegues a modo de flecos.

Del lado del Evangelio se encuentra un admirable Crucificado de tres clavos realizado en madera. Su realismo y antigüedad de la talla lo convierten en una de las mas valiosas imágenes de esta iglesia, desde el punto de vista histórico y artístico.

El altar mayor se separa del presbiterio por una verja de hierro idéntica a la existente, en el mismo lugar, en la iglesia de Santa María del Castillo de Olivenza.

A los lados del presbiterio existen dos cuadros que representan escenas de la vida de San Francisco que hoy día están siendo restaurados.

En el lado del Evangelio se levantan un total de cuatro altares, si entre ellos se incluyen el altar de la Orden Tercera. Esta capilla se inicia con un arco de medio punto apoyado en gruesos pilares cuyo capitel se ornamenta con motivos florales. Encima de éste se aprecia una cornisa que posee en su centro un motivo decorativo formado por volutas.
Pero lo que realmente llama la atención de esta capilla es el retablo marmóreo central. En él se aprecia el sotabanco, formado por dos dados rectangulares y en su centro el ara, y, por encima del sotabanco, el banco, constituido por dos dados de menor tamaño que los anteriores. Aquí se subió el sagrario, hoy día desaparecido, y una caja que cobija la imagen yacente de Nuestra Señora de la Buena Muerte, colocada aquí en el año 1739, fecha en que muy bien pudo ser realizado este retablo.

Separando la primera y segunda capilla, tanto del lado del Evangelio como de la Epístola, existen dos púlpitos gemelos, realizados en mármol y adosados a la pared. Sus lanchas se decoran con rosas de gran tamaño, siendo pintado el del lado de la Epístola, no así el del Evangelio.

Tres capillas más se aprecian en este lado. La estructura es la misma en las tres. Es decir, todas se enmarcan por un arco de medio punto, en cuyo interior se observa un ara realizada en ladrillo y cal, y, por encima, el cuerpo central ahuecadas en la segunda capilla, mientras que en las dos restantes son planas.

La ausencia de las imágenes titulares nos impide averiguar la devoción a la que se dedicaba cada retablo. Con certeza se puede afirmar que en la última capilla se adoraba al Señor Jesús de las Almas, siendo decorado su altar con un retablo de talla dorada, del que nada se conserva.

De la tercera capilla llama la atención su revestimiento de azulejos. En ellos se hace referencia a la vida de San Francisco. Los azulejos de la parte superior relatan, por un lado, la muerte del santo y, por otro, a éste consolando a un moribundo. Ambas escenas se enmarcan con cenefas. Los demás paneles cuentan distintos momentos de su vida, sobre todo su amor a la naturaleza y la necesidad de redimir a los pecadores. La figura humana, en muchos casos desproporcionada, se dibuja en un tono azul fuerte, mientras que para conseguir los fondos se utiliza una tonalidad más blanquecina. La perspectiva se consigue empleando en la mayoría de los casos elementos arquitectónicos. Está claro que estos paneles son de la primera mitad del siglo XVIII.

En el lado de la Epístola existen otras cuatro capillas. Todas ellas presentan la misma estructura a excepción de la tercera que se comentará en último lugar. La primera y cuarta capilla, al igual que las otras restantes, se encuadran dentro de un arco de medio punto, que posee en su interior, en el sotabanco, el ara, mientras que en el cuerpo central presenta hornacina ahuecada que es flanqueada por dos planos.

Pero la que más llama la atención, en este lado, es la tercera capilla, que tener su interior decorado de diferente manera que las otras. En ésta, la hornacina central se ve flanqueada por columnas de fuste liso que están empotradas a la pared. De ellas surge el entablamento que se remata con motivos vegetales.

 

 

Convento de San Juan de Dios.

 

El edificio, en su conjunto, es de planta cuadrada, con claustro central con doble arquería a uno de cuyos lados se adosa la capilla. En el claustro, los arcos del piso inferior son de medio punto encuadrados por pilares reforzados con gruesos contrafuertes. Los capitales se rematan con un motivo vegetal en forma de ese. La arquería superior se presenta con arcos rebajados que han sido reconstruidos. Aquí se encuentran las dependencias de las monjas, que posteriormente se convirtieron en viviendas de los carabineros. En el lado opuesto existe una gran sala con siete tramos de bóveda de arista, apoyada en arcos de medio punto, que descansa en gruesos pilares adosados.

 

Por lo que se refiere al exterior de la iglesia, su portada es adintelada, flanqueada por columnas de estilo dórico romano. Estas se apoyan sobre altos dados rectangulares que a su vez se levantan de sus plintos correspondientes. Las columnas sostienen el entablamento en el que se distingue arquitraba, friso, donde se alternan triglifos y metopas decoradas con círculos, y, por último, se aprecia la cornisa. Se remata el entablamento con un frontón triangular partido, en cuyo centro se representan símbolos portugueses, casa del escudo de esta nación y la esfera terráquea, mientras que el castillo hace referencia a la presencia castellana en esta villa.


Encima de la portada existe un gran vano rectangular tapiado, rematado por un cornisa. Toda la fachada se remata con un frontón triangula en cuyo centro se distingue un “óculus” o pequeño rosetón. Las esquinas del frontón se decoran con acróteras a las que siguen motivos en forma de ese.

La iglesia ofrece planta rectangular con coro a los pies y un total de cuatro altares laterales, dos a cada lado, además del altar mayor.

Su bóveda es de cañón, apoyada en una cornisa que coincide, al igual que ocurre en la iglesia de la Santa Casa de la Misericordia, con la de la capilla mayor. En la bóveda de esta capilla se conserva un motivo floral realizado en estuco.

El altar mayor adopta una forma semejante a la de los altares mayores oliventinos, es decir, un gran arco en cuyo interior surge el camarín. En este altar se distingue sotabanco, donde resalta el ara realizada en ladrillo y cal pero pintada de colores que tratan de asemejarlo al mármol, y los dados rectangulares, sobre los que se apoyarán las ménsulas y las columnas.

 

 

Ermita de la Concepción.

 

Su fachada muestra una estructura sencilla. En la parte superior de la puerta aparece una inscripción recordando a los devotos que ofrecieron esta portada en 1620. Una pequeña espadaña remata la fachada.

Si el visitante subiera la calle Concepción y girase a la izquierda para bajar por la de Santa Engracia, podría tener una vista de la cabecera de esta ermita, la cual se construyó amparándose en la única parte que se conserva de la tercera muralla de Olivenza, la manuelina. Más se sorprendería si desde el interior de la ermita pudiera pasar a la sacristía, de la que sale un acceso estrecho rodeando este torreón, a modo de ábside, en una de cuyas paredes se conserva una tronera defensiva cruciforme.

La iglesia suele estar abierta prácticamente todo el día, por lo que el visitante no tiene problemas para acceder a su interior.
 

Traspasada la puerta del guardaviento, el visitante se encuentra en el interior de planta cuadrada, bajo el coro.

Al frente destaca, entre la sencillez general de la fábrica, un retablo de mármol presidio por la patrona de la ermita. Nuestra Señora de la Concepción.

Una reja preconciliar y sencilla separa el presbiterio de la nave. Otra de espléndida forja, en el púlpito, llama la atención del visitante.

Desde allí puede contemplar mejor la imagen de la Virgen. De pequeño tamaño, pero hermosísimo semblante y melena larga, ésta es la dueña de las tardes de Mayo; la señora de las flores.


 

 

 

Iglesia de Santa María Magdalena.

DATOS TOMADOS DEL LIBRO:
ARTE RELIGIOSO EN OLIVENZA
Autor: Miguel Ángel Vallecillo Teodoro

 

La presencia del arte Manuelino en algunos de los edificios de Olivenza, caso de la iglesia de Santa María Magdalena, obliga a hacer algunas aclaraciones sobre este estilo, que se desarrolla en un momento en que perviven el gótico, mudéjar y da sus primeros pasos, en Portugal, el Renacimiento.

Lo que no se puede aceptar, desde un principio, es considerar al Manuelino como un arte original en su totalidad. En la iglesia de la Magdalena de Olivenza, considerada desde hace mucho tiempo por Reynaldo dos Santos “como uno de los más bellos especimenes del Manuelino”, se aprecian a simple vista, elementos del gótico y del mudéjar, además de los renacentistas.

La influencia de los tres estilos mencionados nos lleva a analizar las causas de dicha influencia y las principales aportaciones de cada uno de ellos al Manuelino.


Estudio Interno:

La iglesia consta de tres naves separadas por columnas en número de cuatro, si bien otras cuatro están adosadas, dos a los pies y otras dos junto al altar mayor. Las columnas se apoyan sobre un plinto de mármol, que queda convertido en un octógono al achaflanar las esquinas para decorarlas con un rollo y una bola (posible alusión a la esfera terrestre), motivo típico de esta iglesia, que también aparecerá repetido en los contrafuertes. Esta fórmula arquitectónica ya se había manifestado con anterioridad en la iglesia de Jesús de Setúbal, donde trabajó Boytaca desde 1490, y a quién se atribuye la traza de las columnas. El fuste de éstas lo forman cuatro toros enroscados, separados por medias cañas. Los capiteles se decoran con troncos entrelazados, variando los de las columnas adosadas a los pies de la nave, que se decoran con motivos sogueados o flores. El ábaco de los toros interiores de la nave del Evangelio se rellena con sogas, mientras que en el resto son lisos.


Los calabrotes (sogas), los nudos marineros y la esfera terrestre aluden al extenso dominio de los mares ejercido por Portugal en los siglos XV y XVI. Las columnas soportan arcos de medio punto sobre los que van pequeñas ventanas y ménsulas. Estas ventanas, junto con el rosetón o “oculus” de la torre, tienen como principal función la de iluminar la nave central.

Los motivos decorativos de las ménsulas son diferentes en cada lado de la nave principal. Las del lado del evangelio son todas iguales; la cabeza de un ángel sirve de soporte, decorándose en forma de capitel compuesto. Del otro lado, junto a la nave de la Epístola, no aparece el ángel como apoyo; se decora con troncos entrelazados, motivo utilizado por los árabes.

De las ménsulas salen haces de nervios que forman, en la nave central, bóvedas de tercelete, a excepción de la bóveda de la capilla mayor que es estrellada.

Las naves laterales están cubiertas con bóvedas de ojivas que vuelven a arrancar de ménsulas engastadas en los muros. Las de la nave del Evangelio se decoran con hojas o ramas de árboles, terminando su ábaco en forma sogueada. Por su parte, las de la nave de la Epístola son más variadas, abundando en temas zoomórfico, muy del gusto románico, como la pareja de sirenas que están unidas, o en temas fantásticos, de la boca de individuos salen ramas. La claves de estas naves se decoran con motivos florales, rostros de individuos o la cruz de Cristo tan utilizada por D. Manuel.

Adosado a la primera columna, junto a la nave del Evangelio, hay un púlpito típicamente renacentista, cuya base se rellena con motivos alegóricos y florales.

En la cabecera de la iglesia, con tres naves cuadrangulares de distintas alturas, sobresale la capilla mayor con su majestuoso arco toral, de siete curvas convexas.

En las naves laterales se distingue el arco ojival dela cabecera, mientras que en las capillas laterales, enmarcando los laterales surgen arcos de medio punto.

A los pies de la iglesia existen dos pequeñas capillas y el coro, situado en la nave central. Este se levanta sobre un arco muy rebajado formado por motivos sogueados que se unen en el centro del arco dando lugar a una especie de nudo. Por encima, como ya se ha reseñado, se levanta el coro con su típica balaustrada renacentista.

En la nave de la Epístola, a los pies de la iglesia, hay una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Fátima que en sus tiempos debió ser la sacristía de la Hermandad de San Pedro, como lo demuestran las llaves de la clave de su bóveda. Mientras que a esta capilla se accede por un simple arco de medio punto sin decoración alguna, en la capilla del otro lado, en la nave del Evangelio, su arco es claro sinónimo del arco del coro, saliendo de unas columnas adosadas típicamente renacentista como lo demuestra la decoración humana de sus capiteles. Esta capilla es , hoy día, el baptisterio.

Donde la decoración llega a la máxima expresión es en la puerta que da acceso al coro y campanario. Desde su basa semicircular, pasando por su fuste y capitel, hasta llegar a la parte superior de la puerta, todo es decorado profusamente. Los motivos vegetales y zoomórficos son los más abundantes. Por encima de la puerta aparecen ángeles sosteniendo un escudo muy deteriorado y un poco más arriba un pájaro rodeado por un enramado vegetal.

Por último decir que el piso de la iglesia lo forma un enlosado de mármol, en muchas de cuyas losas hallamos inscripciones que aluden a las familias allí enterradas.


Estudio Externo.

Al observar la iglesia desde el exterior, lo primero que llama la atención es la diferencia de altura entre las naves, presentando la central tejado a dos aguas y las laterales cubierta de colgadizo.

En los laterales de la iglesia existen contrafuertes, realizados con sillares graníticos que se vuelven a decorar, por dos veces, con el rollo y la bola que ya se comentó al tratar sobre los plintos de las columnas interiores. Estos contrafuertes adoptan una forma cortante, tal vez para soportar mejor las inclemencias atmosféricas, y son coronados por chapiteles hexagonales que terminan en forma de pirámide. Parte de algunos contrafuertes han sido cubiertos parcialmente al adosárseles algunas dependencias. De la parte superior de éstos arranca una gárgola representando a animales fantásticos.

En el techo de la iglesia, mezclándose con los chapiteles, surgen numerosas almenas achaflanadas que rodean el edificio. Su función es meramente decorativa, a semejanza de las que hay en la iglesia de San Francisco de Évora.

A sus pies se distingue una sólida torre de tres pisos. Por este motivo Chico y Novais la encuentra dentro de las iglesias manuelinas con torre a los pies. Otro ejemplo de este tipo es la Catedral de Elvas. La torre la forman compactos sillares de granito, dividiéndose en tres pisos, separados por gruesos calabrotes, elemento típico de los Arruda. En el primer piso sobresale su portada renacentista, realizada toda ella en mármol blanco y de difícil atribución. Para algunos fue hecha por Nicolás de Chaterenne, otros prefieren considerarla de Alfonso Alvares, mientras que Carmona Pastor y Callejo Serrano creen que pertenece a Enrique Alberch.

En nuestra opinión fue el primero de estos escultores el autor de dicha portada por varias razones:
En primer lugar no eran muchos los escultores activos en Portugal que tuviesen capacidad para llevar a buen fin esta obra. Y, entre ellos, Chaterenne era el único que trabaja al sur del Tajo en la primera mitad del siglo XVI pues Affonso Alvares, como indica Sousa Viterbo, es un arquitecto-escultor de la segunda mitad de este siglo.
En segundo lugar el carácter itinerante de los arquitectos y escultores del momento que les obliga a desplazarse donde hay obras que hacer. Por este motivo se encontrara a Chaterenne trabajando en la portada del Convento de Gracia, en Evora, en el portal de la iglesia de Arronches y en el retablo funerario del convento de San Bernardo de Portalegre, atribuida esta última obra, según Rodríguez y Pereira a este escultor. La comparación de estas dos últimas obras con la portada de la Magdalena, lleva a reafirmarnos en la idea que es obra de este escultor renacentista.

El pórtico está formado por un arco de medio punto sostenido por un par de columnas a cada lado, siendo más abultadas en su tercio inferior que en el superior. Estas están apoyadas sobre un dado rectangular que es soportado por un plinto. Las dovelas de este arco se decoran con cabezas de ángeles.

Encuadrando este arco se encuentran dos largas columnas que soportan el entablamento y el frontón. Dichas columnas, a semejanza de las anteriores, presentan su tercio inferior más abultado que el superior, decorándose con correspondiente plinto. El capitel es compuesto. Detrás de estas columnas, al igual que ocurre en el retablo del convento de San Bernardo en Portalegre, se colocan pilastras con motivos alegóricos que aluden a la muerte de Jesucristo: el cuerpo atravesado por una lanza, el casco romano, indicando quién fue el autor de dicha muerte, una calavera recordando el lugar donde aconteció el suceso, y, por último, se distingue la figura de un león, símbolo de la muerte en el Antiguo Testamento.

Por encima de las columnas se levanta el entablamento, con arquitrabe a dos bandas, friso decorado con motivos vegetales y cornisa.

En la parte superior del entablamento hay un frontón triangular que cobija en su interior el escudo de la hermandad de las Llagas; clara alusión a quienes debieron ser los patrocinadores de esta portada. En los vértices del frontón se colocan atlantes del gusto de Chaterenne y que aparecen a en todas las obras a las que se ha aludido anteriormente.

En las enjutas del arco se distinguen dos medallones de los que salen el busto de un hombre y una mujer, ataviados a la usanza clásica.

El segundo y tercer piso se separan por gruesos calabrotes tan del gusto Manuelina. Las influencias góticas reaparecen en este segundo piso, donde un rosetón, decorado con calabrotes y la esfera terráquea, permite iluminar la nave central.

El tercer piso alberga el campanario en el que sobresalen, a dada lado, dos arcos de medio punto cobijando las campanas.

La Torre se remata en sus esquinas con chapiteles de base cuadrada y parte superior piramidal.


Retablos de las naves laterales.

El resto de los retablos de esta iglesia, ocho en total, se pueden dividir en dos grupos:
A) Retablos en madera (talla dorada)
B) Retablos hechos en mármol.

A) Los retablos en talla dorada, cinco en total, son:
1) retablo del Cristo de la Piedad, por otros llamados del Señor Jesús, situado en la capilla del Evangelio.
2) El de Nuestra Señora de la concepción, en la capilla de la Epístola.
3) Retablo de San Pedro, en la nave del Evangelio.
4) Retablo de san lucia en esta misma nave
5) El de San José en la nave de la Epístola.

Todos estos retablos se alejan de la pared por los salientes que hacen una sobre otras las columnas salomónicas, de tal modo que el retablo se ahueca en profundidad, como ocurría con el retablo mayor. Estas columnas se apoyan sobre ménsulas, colocadas por encima de las aras del altar, carentes de decoración en su interior pero profusamente decoradas en su exterior con conchas marinas y acantos. La caña de las columnas, formada por seis espiras en todos estos retablos, se ornamenta con hojas de vid, racimos de uvas, pájaros picando sobre estos racimos y, en el retablo de Santa Lucía, algunos puttis. Estas columnas, de capitel compuesto, se separan con pilastras decoradas con motivos semejantes a los de las columnas.

El entablamento, de friso decorado por motivos vegetales, sustenta un frontón curvo en el que no aparecen las formas avolutadas del retablo mayor. Este se rellena con columnas salomónicas que funcionan como develas, divididas por tres claves de las que salen tarjas asidas por angelitos que suelen decorarse con motivos alusivos a la divinidad del retablo.

En su nivel interior se coloca el patrón del retablo en una hornacina, caso de Santa Lucía o San Pedro, o en un pequeño camarín, retablo de Nuestra Señora de la Concepción. El retablo de Santa Lucía se presenta con algunas novedades con respecto al resto de retablos de esta iglesia; así, por ejemplo, sobre sus ménsulas se colocan un par de columnas salomónicas, decoradas ahora con puttis, que encuadran hornacinas ahuecadas.

El retablo de Nuestra Señora de la Concepción tiene algunos elementos semejantes a los del retablo mayor. El camarín, con su bóveda y laterales acasetonados como en el retablo mayor, se remata con una corona real en cuyo interior se distinguen la paloma del Espíritu Santo y un haz de rayos solares, motivos idénticos a los del retablo principal.

Los retablos de San Pedro, santa Lucía y San José son semejantes al del altar lateral de Santo Domingo de Viana do Castelo, mientras que el del Cristo de la Piedad, es muy similar al de la capilla del Palacio de Salvaterra de Magos.

B) Retablos marmóreos.

Todos ellos son retablos de planta plana, encuadrados por un arco de medio punto de mármol. Su estructura presenta sotabanco, banco, del que salen las columnas salomónicas y, por último, en el centro del retablo, se yergue una hornacina o un camarín. Tres son los retablos de este tipo : En la nave de la Epístola se aprecian los del Señor de los Pasos. Propiedad de la antigua cofradía de las Llagas de Cristo, y el retablo de las Animas. En la nave del Evangelio sobresale el retablo dedicado hoy día a San Juan Macías.

Las columnas soportan un entablamento en el que se observan dos imágenes que parecen implorar a Dios y al Espíritu santo, figuras que aparecen en el ático. Estas imágenes están flanqueadas con jarrones, elementos típicos de la decoración portuguesa en la segunda mitad del siglo XVIII y todo el siglo XIX.

Se ha dejado para comentar en último lugar el retablo de la cofradía de Las Llagas de Cristo, actualmente del Señor de los Pasos y que cobija en su interior esta imagen, patrón de Olivenza, por presentar una estructura diferente. Este se presenta con un sotobanco semejante a los anteriores pero en su banco se levanta un pequeño sagrario, de mármol y, por encima de él, hay una pequeña caja que cobija la imagen de un cristo yacente. Del banco salen un par de columnas con cañas lisa y capitel compuesto a cada lado. El entablamento es semejante al de los otros retablos marmóreos. En su nivel interno hay un camarín para la imagen ya mencionada rematado con el escudo de la citada cofradía.


El azulejo como complemente del retablo.

La rigidez y pobreza de muchas obras arquitectónica hizo que el azulejo y la talla sirviesen de maquillaje para esconder estos defectos.

Varios fueron los tipos de azulejos que se dieron cita en Portugal. Junto a manifestación cromática de finales del siglo XVII, que tuvo sus orígenes, como ya se verá al comentar los azulejos mudéjares de Santa María del Castillo, en las importaciones de azulejos españoles en los siglos XV y XVI, se desenvuelve también la pintura azul de cobalto sobre esmalte blanco. Su evolución permitió otra fase fecunda y brillante de la azulejería portuguesa hasta las vísperas del terremoto. Son los típicos azulejos historiados, con amplia representación en la iglesia de la Magdalena. Este tipo tiene su base en Holanda, desde donde se exportará a los mercados ibéricos. Junto a esta tipología se difunde, también, el de figura avulsa, es decir azulejos sueltos, que no dependen el uno del otro, en los que predominan el dibujo de flores y animales. De estos se encuentran algunos ejemplos en la iglesia de la Magdalena. La continua llegada de azulejos holandeses a Portugal estimuló el desarrollo de la producción portuguesa, creándose importantes “olarias” como la de los Ratos en Lisboa, o la creada por el marqués de Pombal en esta misma ciudad.

La mayoría de los paneles de azulejos, como se verá a continuación, son anónimos, revelándose, eso si, algunas sensibilidades propias de cada autor, aunque seguimos en una fase historiográfica incipiente. La dificultad para intentar averiguar los autores de estos paneles es mayor si se tiene en cuenta que los principales artistas fueron imitados hasta tarde, “ esto explica, por ejemplo, que Manuel da Silva pintase azulejos a la manera de Del Barco, en el primer cuarto del siglo XVIII, en Coimbra”.

En la iglesia de Santa María Magdalena de Olivenza, abundan los azulejos historiados, y una pequeña representación de los de figura avulsa se distinguen en la capilla del Señor Jesús o Cristo de la Piedad, y en la Capilla Mayor. Precisamente es en la primera de estas capillas donde se encuentran los azulejos más antiguos de esta iglesia. En el panel de la izquierda se dibuja la escena “Las Tres Marías en el sepulcro”, mientras que en el de la derecha “La Oración en el Huerto”. En el primero de estos paneles se representa a las Tres Marías rezando ante el sepulcro. Estas figuras se consiguen mediante la rápida pincelada utilizada por el pintor, que encuadra toda la escena por medio de árboles en los que se identifica la pincelada densa empleada por Grabiel del Barco. En el segundo panel se puede apreciar la escena en la que Cristo aparece rezando y los Apóstoles has sido presa fácil del sueño. Ambos paneles son pintados con un color azul y blanco. Empleándose el segundo de estos colores para conseguir la perspectiva. Como ocurre con el resto de azulejos de esta ciudad, a excepción de los de la Santa Casa de Misericordia, no hay rubrica alguna que nos permita conocer a su autor. Sin embargo, un elemento curioso nos acerca al autor de ambos paneles, nos referimos a un tronco de olivo cortado, del cual sale un brote, que se puede distinguir en el panel de azulejos donde se representa a Jesús orando. De este modo firmaba el gran pintor de azulejos portugués, Antonio de Oliveira Bernaldes, haciendo, sin lugar a dudas, referencia a su apellido. En los azulejos de la iglesia del Convento de Loios de Evora o en el panel de azulejos de “La Fuga par O Egipto” (en manos de José Manuel Leitao ), también se aprecian estas “rúbricas”. La influencia que Grabiel del Barco ejerció sobre todos los pintores de azulejos del siglo XVIII, también se nota en estos azulejos oliventinos de Bernardes, en concreto en el gusto por las pinceladas espesas de las ramas y hojas de los árboles, y en las máscaras de las esquinas de las cercaduras. Ambos paneles deben ser de primeros años del siglo XVIII.

En el panel de azulejos de la capilla de Santa Lucía se dibujan diversos momentos del martirio de la Santa, como una yunta de bueyes intentando arrastrarlo, la Santa sobre la hoguera que no prende, la flagelación, etc. Los paneles de la capilla de San José no tienen unidad iconográfica, así algunos de los temas que se distinguen son: El Nacimiento de un niño, que puede hacer reverencia muy bien al nacimiento de Juan el Bautista, escenas de la vida de San Cristóbal y otros paneles de los que no se ha podido descubrir su temática. Culmina este panel de azulejos con el escudo de la casa de Braganza, semejante al existente sobre el guardapolvo del retablo, y que debe hacer referencia a que este retablo y sus azulejos fueron costeados por esta familia de gran raigambre en Olivenza.

La capilla de San Pedro, al igual que la del Señor de los Pasos, se caracteriza por presentar unas figuras de mayor tamaño en sus paneles y una tonalidad más oscura. Ambas capillas se decoran con azulejos que dan testimonio de algunos de los sufrimientos padecidos por el Santo o divinidad a quien se dedica la capilla. En los azulejos de la capilla de San Pedro se aprecian las siguientes escenas; Jesús andando sobre las aguas, Cristo haciéndole entrega de las llaves del Cielo a Pedro, un milagro del Santo la liberación de la cárcel. La capilla del Señor de los Pasos se decora con momentos de la Pasión, el Descendimiento, íntimamente inspirado en el Descendimiento de Rubens, destacando las gruesas y maneristas figuras de Cristo y el apóstol que lo desciende, la Flagelación, el Prendimiento y la Oración en el Huerto. En ambas capillas se utiliza un colorido azul fuerte, empleándose un fondo natural para conseguir la perspectiva. Las cercaduras son ménsulas sostenidas por Ángeles en su interior y que se alternan con otras que ya no presentan esta decoración.

En la capilla mayor, en el lado de la Epístola y del Evangelio, existen dos paneles de azulejos historiados y un importante número de azulejos de figura avulsa. En el panel del lado del Evangelio se pinta la escena bíblica de la Magdalena lavando los pies a Cristo, quién es reprendida por Simón el leproso. La respuesta de Jesús, y la admiración que ésta produce en San Juan son los principales momentos que intenta captar esta panel. Aunque la escena central se enmarca por un fondo arquitectónico de gruesos pilares, el pintor consigue la perspectiva mediante el empleo de un fondo natural, de un paisaje, cuya tonalidad es más blanquecina que la de las figuras más próximas al espectador, de un color azul fuerte. Las cercaduras de este panel y las del otro que aparece en el lado del Evangelio son idénticas, siendo empleadas cardinas, ángeles, guirnaldas, ménsulas y mascarones en su ornamentación.

En el panel del lado de la Epístola se narra la estancia de Jesús en casa de Marta y Maria, acompañándose este conjunto de azulejos de un perfecto estudio psicológico de ambas mujeres, Marta más preocupada de las cosas terrenales, mientras que Maria, su hermana, se afana por escuchar y seguir el modelo de vida que quería imponer Jesús. Este panel capta el momento en el que Jesús reprende a Marta por su actitud.

 

 

La iglesia de Santa María del Castillo.

 

Estudio Externo.

Antes de realizar el estudio interno y externo de esta iglesia se ha de recalcar la escasez de elementos decorativos existentes en este edificio, de acuerdo con los interiores de la época. El gusto por las reglas clásicas, la falta de dinero, junto a los deseos del monarca, son algunas de las causas, como se ha dicho, que contribuirán al desarrollo de este estilo escasamente decorado.

En su exterior sobresale la robusta torre de planta cuadrada con tres cuerpo de diferente altura, todos ellos realizados en sillería. En el primer piso se levanta la portada y un rosetón. El arco de la portada es de medio punto y en su clave se distingue una ménsula decorada con una hoja de acanto. Este arco está encuadrado por dos columnas una a cada lado, que son sustentadas por un dado rectangular en el que se aprecia, un alto relieve, un águila becéfala apoyada sobre una esfera terrestre, posiblemente alude al dominio que los Habsburgos ejercían sobre el mundo en el siglo XVI. Sus columnas, de tipo dórico romano, tienen basa, fuste estriado y capitel del que salen festones que se extienden hasta la parte superior del fuste, motivo muy repetido en toda la iglesia. Soportado por las columnas se levanta el entablamento, con su arquitrabe, friso en el que alternan metopas lisas con motivos florales, y cornisa muy saliente. En los extremos del entablamento, en su parte superior, se aprecian un par de hornacinas ahuecadas, que debían cobijar alguna figura.

Por encima de la portada se distinguen un rosetón, más conocido en Portugal con el nombre de “óculus”. De forma abócinada, presenta en su clave una ménsula semejante a la del arco de la portada.

La separación entre el primer y el segundo piso corre a cargo de un entablamento, mientras que separando el segundo y tercer piso hay, únicamente, una cornisa muy saliente.

El segundo piso tiene, como único elemento decorativo, un vano rematado por un frontón curvo.

El último cuerpo lo constituye el campanario, formado por dos arcos de medio punto en cada cara de la torre.


La torre se corona con cuatro remates de cerámica, típicos florones de la artesanía Oliventina.


Estudio Interno.

La iglesia, semejante a las iglesia salones como la de San Antonio de Evora, presenta tres naves, todas con la misma altura, de cuatro tramos.

A cada lado de la iglesia hay un total de tres columnas mientras que otras cuatro están adosadas, dos a la cabecera y el resto a los pies. Estas se yerguen sobre un plinto rectangular rematado en sus esquinas por especie de hojas de acanto. En ellas se puede apreciar su fuste liso y capitel jónico. Todas terminan en ábaco de los que salen arcos de medio punto cuyas dobelas son de granito y se dirigen hacia otras columnas o a las ménsulas de las naves laterales, decoradas exactamente igual que los capiteles de las columnas.

Las tres capillas de la cabecera tienen bóveda de cañón; las dos laterales se separan del resto de la iglesia por dos hermosas balaustradas de mármol.

La otra capilla, la de la nave del Evangelio, actualmente es el Baptisterio, y con anterioridad “Sacristía de la Cofradía del Santísimo Sacramento”, presenta bóveda de cañón decorada con frescos que aluden a la Sagrada Forma, lo que nos reafirma en la idea de que antiguamente debió ser sacristía de esta hermandad.

Por encima de estas capillas se levanta el coro, con baranda de hierro, en el que sobresale el tipo de ménsula que soporta los arcos de medio punto. A diferencia de las otras mensulas de la iglesia, éstas se decoran con capiteles jónicos apoyados en las peanas de la que cuelgan festones.

Por último resaltar que todo el suelo de la iglesia lo forman losas de mármol, hallándose en muchas de ellas inscripciones correspondientes a las familias allí enterradas.


Retablo de la capilla mayor:

La falta de documentación sobre Olivenza nos impide conocer los posibles retablos que pudieron existir en la antigua iglesia, al tiempo que descubrir más detalles sobre los del edificio actual.

El camarín, en forma de bóveda de cañón, se decora con casetones rectangulares, semejantes a los de Santa María Magdalena, pero también los hay trapezoidales, sobre todo los que se levantan en forma de dovelas sobre la cornisa que existe en el interior de este camarín.

La pobreza decorativa del resto de la capilla mayor, que contrastaría con el majestuoso retablo, obliga a las hermandades a ornamentar el resto de la capilla. Por este motivo, se ve decorada, en su totalidad, la capilla mayor de esta iglesia.
El resto de los paramentos laterales del presbiterio se rellenan, en su parte inferior, con paneles de azulejos y, en la parte superior, con lienzos, enmarcados por la talla dorada, que representan; el del lado del Evangelio, “La Adoración de los Pastores” y el de la Epístola, “La Presentación en el Templo”

El retablo mayor de Santa María del Castillo presenta un notable parecido con los mayores de Santa María Magdalena, de Olivenza, y con el de la iglesia de San Salvador de Elvas , ciudad cercana a Olivenza.

 

Retablo de la capilla absidal de la nave del Evangelio.

En esta capilla se encuentra uno de los más bellos especimenes de la retablística bajo extremeña . Este, junto al retablo de la capilla mayor del Monasterio de Tentudía, es el único ejemplar de esta tipología dentro de la región extremeña. El retablo arbóreo oliventino, como todos los de la ciudad, es de tipología portuguesa, sin vinculación alguna con los extremeños.

El retablo parte de la figura de Abraham quién duerme placidamente, echado sobre una caja rectangular que se ornamenta con un campo matizado de flores y hierbas atributos de Nuestra Señora.

 

Retablos de la nave de la epístola.

En esta nave existen dos retablos; el dedicado a Nuestra Señora de la Ascensión, situado en el ábside de esta nave y el de la invocación del Corazón de Jesús.

El primero de ellos es un retablo pictórico adaptado al testero plano de la iglesia. Los artistas portugueses, al igual que los españoles, se basan para hacer este tipo de retablo en la arquitectura y pintura renacentista italiana. Pero ellos fueron más allá de la mera imitación de los modelos italianos ya que añadieron elemento propios como “el gusto por las formas cerradas”, que se aprecia en el coronamiento cimbrado del ático, llamándosele en Portugal “óculus”, forma muy utilizada por los Jesuitas en el siglo XVII.

 

Retablo de la Virgen del Carmen en la nave del Evangelio.

Este retablo debió pertenecer en un principio a la Cofradía de las Animas, como lo demuestra la alegoría en alto relieve que existe por debajo del nivel central.

En su estructura se aprecia; un sotabanco, banco, columnas salomónicas en los laterales y un nivel central, todo ello rematado por un arco abocinado. El sotabanco se decora con niños telamones, semejantes a los del retablo mayor del Hospital y el mayor de Santa maría Magdalena. En la parte central del sotabanco existe una caja con la figura de un Cristo yaciente. Por encima del sotabanco se levanta el banco, constituido por ménsulas en las que se apoyan las columnas salomónicas, una a cada lado, faltando otra, colocándose en su lugar una serie de esculturas de difícil interpretación. En su nivel central, sobre la caja y la alegoría del purgatorio, se encuentra una hornacina ahuecada con la imagen de la Virgen del Carmen. Por encima de este nivel existe un arco decorado con los mismos motivos de otros retablos, pero destacando, sobre los extremos de este retablo frontones curvos rotos en los que se apoyan ángeles sedentes, semejantes a los de los retablos anteriormente citados.

 

 

Edificaciones singulares.

 

Casa de los Marzal.

 

En la ciudad de Olivenza, por sus propios condicionamientos de centro administrativo municipal y comarcal se han perdido características propias del tipo de casa más humilde y popular, por ejemplo la típica chimenea alentejana de fachada. En contrapartida, pueden admirarse hermosos palacetes como la casa de los “Marzal”, de rasgos neoclásicos conocidos en Portugal como estilo “pombalino”

 

 

Plaza de Toros.

 

En Enero de 1857, la Reina Isabel II da su Real Orden por la que se sirve conceder el permiso para construir una plaza de toros en el interior del Baluarte número cuatro de la ciudad de Olivenza.
Es el 29 de junio de 1868 la fecha del primer cartel conocido y que, como tal, se tiene por el de la inauguración. Este día, Francisco Arjona Guillén “Cuchares”, le dio la alternativa al torero de Badajoz, Juan Cuervo. Es posible que entre 1857 y 1868 se celebrara algún festejo, pero no existen datos.


En 1958 se realizaron las obras de construcción de las columnas y los arcos que hoy adornan la parte alta de la plaza, donde se ubican las gradas, siendo presidente de la Sociedad Plaza de Toros de Olivenza, propietaria del coso, don Bernardino Píriz Carballo.
 

Pero la obra más importante de reforma llegó entre los años 1990 y 1991, siendo presidente don Marceliano Ortiz Blasco. Fue entonces cuando se realizó la remodelación total de las instalaciones, dotando al ruedo de albero, construyéndose chiqueros nuevos, cambiando todas las tablas del callejón y se numeraron todos los tendidos con piedra de mármol. La plaza tiene en la actualidad una capacidad de cinco mil seiscientas localidades.
 

Desde entonces hasta hoy, la plaza de toros (en manos, como máximo accionistas, de los hermanos Jesús y Jacinto Ortíz) se pinta en su totalidad todos los años a principios de temporada, son renovadas las tablas, se añade albero y se van realizando las mejoras que el inmueble va demandando.
 

Es también en el año 1991 cuando la empresa Taurina Cutiño-Domínguez inicia su andadura en la Plaza de Olivenza. Desde entonces se han producido grandes acontecimientos todos los años en el mes de marzo, convirtiendo a Olivenza en el punto de encuentro de los aficionados de España, Francia y Portugal, en la que significa la inauguración de la temporada española con las máximas figuras del toreo.
 

En el incomparable marco que es la preciosa plaza de Olivenza, los aficionados han podido presenciar acontecimientos como la gran faena de Emilio Muñoz en el año 1991; los indultos de dos toros, de Cayetano Muñoz y Victoriano Martín, por Litri y Ortega Cano, respectivamente; la reaparición de éste último junto a Jesulín de Ubrique, en lo que supuso un gran impacto mediático; la vuelta a los ruedos de Espartaco después de su larga lucha con la grave lesión de rodilla; así como la actuación en solitario de El Juli con seis animales; la alternativa de Antonio Ferrera y grandes faenas para el recuerdo de diestros como Enrique Ponce o Morante de la Puebla, aquella tarde en la que el sevillano cortó un rabo. Todos estos momentos han estado rodeados de una aureola de buen ambiente y con la asistencia de personajes relevantes de la vida social y pública, tanto de España como de Portugal

 

 

Arquitectura popular

 

Museo Etnográfico Extremeño "González Santana".


Plaza de Santa María, s/n
06100 Olivenza (Badajoz). España
Tlf. y fax: 924 49 02 22
e-mail: museodeolivenza@hotmail.com

 

Invierno
(1 de octubre-30 de abril)

De Martes a Viernes: de 11´00 a 14´00 h. y de 16´00 a 19´00 h.
Sábados: de 10´00 h. a 14´00 h. y de 16´00 a 19´00 h.
Domingos y festivos: de 10´00 a 14´00 h.

Verano
(1 de mayo-30 de septiembre)

De Martes a Viernes: de 11´00 a 14´00 h. y de 17´00 a 20´00 h.
Sábados: de 10´00 h. a 14´00 h. y de 17´00 a 20´00 h.
Domingos y festivos: de 10´00 a 14´00 h.

Lunes

Cerrado

 

Notas: La Torre del Homenaje cierra media hora antes. El Museo permanece cerrado los días 1 y 6 de enero y 24, 25 y 31 de diciembre.

 

El museo se halla ubicado en un espacio de gran interés histórico-artístico: el Castillo y la Panadería del Rey. El primero ocupa el lugar de una antigua fortaleza templaria del siglo XIII. Ésta fue reparada por el Rey Don Dinis, alcanzando su forma definitiva en tiempos de Don João II, quien la restaura y levanta la actual Torre del Homenaje. El Castillo es un hermoso ejemplar de la arquitectura militar de la época. Tiene forma trapezoidal con un patio central y tres torres cúbicas en los ángulos, además de la del Homenaje, situada al Noroeste.


La Panadería del Rey es un edificio de finales del siglo XVIII anexo al recinto del Castillo y a la primera muralla medieval, cuya función era abastecer de pan a la entonces numerosa guarnición de la plaza fronteriza. Alcanzó su fisonomía definitiva con la expansión del estilo neoclásico impulsado por el Marqués de Pombal, a raíz del terremoto que asoló Lisboa en 1775.
 

El Museo recoge básicamente usos y costumbres de la población desde mediados del siglo XIX en un recorrido que incluye 30 salas.

 

El Museo de Olivenza, fruto de la sensibilidad y voluntad de Francisco González Santana, quien le presta nombre con todo derecho, constituye una notable excepción en el generalizado panorama de abandono, destrucción y expolio a que ha sido sometida la cultura tradicional.
 

Surgió en 1980 a raíz de una pequeña exposición etnográfica celebrada con motivo de la IV Semana de Extremadura en la Escuela. El éxito y la participación conseguidos plantearon la necesidad de creación de un museo permanente.
 

En 1982 Olivenza fue elegida como sede de las J.I.E.C.H. (Jornadas Internacionales de Estudio de Ciudades Históricas), motivo por el cual se abrió por primera vez al público, rehabilitándose parcialmente las dependencias de la antigua cárcel comarcal situada en el recinto del Castillo. Desde ese momento se celebraron en el mismo numerosas exposiciones temporales y congresos.
 

En 1983 el Ayuntamiento de Olivenza crea un Patronato y elabora sus primeros estatutos, aprobados definitivamente por la Junta de Extremadura en 1985. Ese mismo año se encarga al arquitecto Manuel Fortea un proyecto de ampliación, previa compra del edificio de la Panadería del Rey.
 

Comienzan las obras en 1988 y se prolongan hasta octubre de 1990. Se procede posteriormente al montaje y el 12 de julio de 1991 es inaugurado por el Presidente de la Junta de Extremadura D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra.
 

Desde el 9 de abril de 1997 el Museo es tutelado por un Consorcio integrado por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, Ayuntamiento de Olivenza, Caja Badajoz y Diputación de Badajoz.

 

 

Puentes y fuentes.

 

Puente Ajuda.

 

Uno de los monumentos más importante es el arruinado puente-fortaleza de Ayuda, sobre el Guadiana. Saliendo por la Avda de Elvas, 12 Km de carretera le llevan hasta él.

Mandado construir por el rey Don Manuel I en 1510, se convirtió en obra estratégica para la defensa del enclave oliventino. Su tablero, de 450 metros, se apoyaba sobre 19 arcos. Esta longitud y el amplio arco central lo convierten en obra de ingeniería sin parangón en su época.

Las riadas del Guadiana lo destruyeron parcialmente en varias ocasiones. En otros fueron las guerras, especialmente en el siglo XVII. La última y definitiva herida tuvo lugar en 1709 durante la guerra de Sucesión al trono de España. Las tropas españolas a las órdenes del Marqués de Bay le volaron los seis arcos centrales.

Con la falta de este estratégico cordón umbilical, la Olivenza portuguesa-cinco siglos en la margen izquierda del Guadiana- se tonó inviable.

En 1801, por el Tratado de Badajoz, que puso fin a la Guerra de las Naranjas, Manuel Godoy la incorporó formalmente a la soberanía española. El tratado de Badajoz de 1801 hizo coincidir en una sola línea –el río Guadina- frontera natural y frontera política. Su importancia para Olivenza es sólo equiparable a la del tratado de Alcañices.

1297 (Portugal y 1801 (España) representan, pues, los hitos más señalados en la historia de una ciudad singular, crisol de dos naciones y abierta a dos culturas.